jueves, 31 de octubre de 2013

Margen de error

Es la Luna y ese ciclo que tiene, son las hojas de los árboles que se caen en estas épocas del año, el café que me tomé a las tres de la mañana para aguantar la guardia. 

Son los pasos de la gente en los pasillos, las ruedas de las camillas, los gritos, las ojeras, los pies cansados y todas las horas que me faltan.

Es tu forma de verme a los ojos, como me hablas, las canciones que me dedicas, las que oigo y las que dejo ahí porque no las quiero escuchar. Las palabras que salen de tus labios, las que me llegan y las muchas otras que se van con el viento. Las puertas cerradas, los cajones vacíos, el eco de la nada.

Son las flores azules y el color del cielo a media tarde, mi sabor favorito de helado, las huellas de tus manos sobre las cartas que no te voy a escribir.

Los sentimientos que te guardas, los que demuestras y todos los demás que no voy a corresponder.

Es todo.

Menos tú.

lunes, 21 de octubre de 2013

Cuento eterno


Tic-tac

jueves, 17 de octubre de 2013

Promesas diluidas

No me culpes de serte infiel con las sirenas que disuelven la calma del océano cada Luna llena. Bailando como si nadie las estuviera viendo.

Si me atrevo a decirte al oído que te quiero no es con la intención de que voltees al sitio desde donde te nombro. Debes esperar a que baje la marea para recopilar lo que queda de cada vacío retenido en alta mar.

Y así, con el rumor de mi estancia ilimitada en el lecho de tus deseos cautivos, voy a prenderme con el fuego de los volcanes en su punto máximo de erupción. Te invito a adoptar la forma efusiva que nos convierte en seres inmortales.

Disculpa que me atreva a conquistar los desiertos inanimados, ansiosos de exprimir cada gota de agua escondida entre las nubes de cada  uno de nuestros encuentros.

Quédate en el mismo lugar en el que te guardo las ausencias, porque tal vez sea el primer espacio en el que te quiera encontrar.

Deseos orgánicos

Quieres escribir un nuevo episodio, con la taza vacía,  el corazón sordo y tus manos distraídas. No escuchas ni el susurro del futuro que viene a preguntarte si te vas o te quedas.

En el campo las flores bailan para el señor Sol mientras mi felicidad se clava como los cuadros abstractos en las paredes desnudas de mi memoria, tal y como me lo describiste una vez.

Cuánto más estáremos dispuestos a perder mientras nos sentamos detrás del mostrador de nuestra vida solo para verla pasar?

Ojalá no se te ocurra intentar alcanzarme, porque pretendo detenerme al instante en el que te vea salir. Y entonces sí, que los hombres preparen sus provisiones porque esta vez el mundo si se acaba de verdad. 

Otra vez.

Me gusta coincidir con los rostros de esos deseos vagabundos que vienen a pedir limosnas a mitad de la noche, como si eso los hiciera recapacitar.

El café ya está listo, tu taza sigue vacía y el reloj camina con los pies descalzos anunciando que antes del anochecer ya debes saber si te vas o te quedas.

Junto a mí.

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