lunes, 30 de junio de 2014

Empezamos a alimentar nuestras ausencias

Hay gente que se desenamora para salvarse, para formarse en la fila de la taquilla y pedir una entrada porque la soledad entra gratis, porque no come palomitas ni tira la salsa de tomate cuando prepara su Hot-dog; Otros aprenden a guardar silencio porque hay mucho espacio en el armario y ya no sabe como dejar de verlo vacío. Hay algunos que prefieren olvidar, guardar la basura debajo de la alfombra y pisar como si nada.

Me sé dos palabras que se agarran de la mano por debajo del mantel como si fueran amantes que temen ser descubiertas, nunca las uso, a veces abro el diccionario en la letra R porque es la única que no me recuerda a ti. Y ahí voy deletreando cada una: R-O-S-A.- como la que nunca te regalé; R-E-L-O-J.- como el que se te perdió; R-I-S-A.- como la forma en la que me atrapas cuando ya no quiero voltear; R-O-M-A: como la que quiero dejar de leer al revés. Entonces lo cerré, eso tampoco me estaba funcionando.

Decidí salir a caminar y recordé el día en el que te acompañé cuando dijiste que ibas por cigarros pero esta vez no ibas a escapar, ahora la que quiere escapar soy yo… pero de todo el montón de recuerdos que venían a mi mente bombardeándome incansables, entonces me senté en una banca del parque lejos de la que se convirtió en mi favorita un día. A veces creo que exploto la habilidad de pensamiento con la que nací, descubro cosas pero ninguna me convence tanto como tú. Después me acordé de aquella vez en la que acepté trabajar en un lugar que no tenía contemplado, renuncié al lugar que tenía en mente porque me lo ofrecieron demasiado tarde, entonces supe que hay cosas que llegan tarde pero a tiempo a la vez.

Como nosotros.

domingo, 29 de junio de 2014

Las cartas que nos debemos

No tenía ganas de escribir, de hecho no tenía ganas de nada; anoche me dediqué a acomodar en orden cada una de las cartas sobre la mesa, estaba compartiendo mi soledad con un vino tinto y un mentolado que me regalaron por casualidad; guardé en la caja grande los mejores recuerdos y estuve contemplando la forma en la que ella se desenvolvía sin mí; una ruleta rusa, eso es… un paseo en el bosque encantado, una fuente en medio del desierto, un vaso de gratitud infinita. Intenté rozar su piel pero al instante se alejó de mí, no hice nada para detenerla, volví a fijar mi mirada en aquella caja y recordé porqué estaba ahí, disfrutando cada momento a su lado.

Coincidimos un Jueves a la misma hora, mientras ella tomaba un cappuccino, yo rellenaba mi taza con el café del día, coincidimos en muchas otras cosas. En la forma en la que se deslizaba el viento cuando acariciaba su piel, la forma de cerrar los ojos cuando la luz interrumpía su panorama, los espacios vacíos que coincidían en nuestros tiempos…

Tal vez nunca lo sabrá, y es que a veces se apega tanto a sus restricciones que sólo se dedica a escuchar su propia voz que hace eco en todos lados, y retumba en mis oídos multiplicándose como los latidos de mi frecuencia cardiaca cuando ella aparece abrazándome por la espalda.

Justo ayer que acomodaba bien las cartas que ya conozco como la palma de mis manos, me quedé pensando que allá donde se funde la realidad con el destino, ése si es uno de los mejores lugares del mundo. Allá donde los atardeceres duran justo el tiempo que necesitan para brillar y las hojas tardan el tiempo exacto en caer cuando es otoño. Allá donde su alma y la mía hacen del mundo una conquista infinita y la intensidad de sus pasos retumba al mismo tiempo que los míos.

Sólo eran unas cuantas cartas, y ella se aferra a pintarme el ocho de corazones en la frente. Como si eso fuera suficiente para dejar de quererla con un solo corazón.

domingo, 22 de junio de 2014

Infinitos

Hacen falta más Domingos con tu nombre, o pausar estas ganas de tenerte más cerquita de mi. No sé. Si he de desaparecer cuando más empiezas a quererme, debo acostumbrarme a serle fiel al eco que te nombra en mi habitación cuando tú no estás. Y es que hay Domingos que me saben a café de tres días y otros que derraman chocolate sobre sus manecillas. Ninguno empalaga, ninguno harta. Todos saben a ti.

Entonces me da por empezar a bloquear sentimientos cuando intentan destilarse por los poros de mi piel, no hace falta que se haga de noche y me de cuenta que en medio de mi jardín el cielo aún conserva su esfera brillante, que la emoción constante de la aparición fugaz de las estrellas no se compara con el perfume que se evapora de mis labios cuando te pienso.

Es complicadamente sencillo, y aún así no lo puedo entender. Mentiría si repito que hacen falta más Domingos con tu nombre... Más bien hace falta que te des cuenta que ya existen aunque no haga falta despegar mis labios para llamarte y decirte que te quiero aún más que ayer.

Tampoco hace falta mentir, esta soledad que te grita en silencio se mantiene tranquila cuando escucha tu voz, paciente, impaciente, calmada y moribunda escuchando de tus labios las palabras que teme oír. Que no sea cosa de rutina y que no se nos acaben las ganas de decirnos "te quiero" por sorpresa, por costumbre o por amor.

Que pesen más las sonrisas tatuadas en todos los días de mi semana, que se aturdan las voces que no entienden nada. Que la isla en la que te espero sea un pedazo de tierra más por conquistar en tu nombre. O que los mares me inunden estas ganas de quererte a deshoras, que me quiten el deseo de arrancarle los seguros a tus puertas cerradas o que aprenda a mentir cuando quiero decir que te quiero.

Ojalá pueda ver el mundo desde tus pupilas, para saber a que saben los inviernos desde los veranos de tus ojos, para entender porque quema más la primavera cuando quiero besarte o porque te da más frío abrazarme cuando empieza el ocaso.

Ojalá lo pueda entender, porque hay Domingos que duelen tanto que tal vez sea mejor mentir.

viernes, 13 de junio de 2014

De proyecciones y sonrisas...

Tuve un dejá vu, y esta vez fue distinto, fue la extraña sensación de ser testigo por octava vez de aquella situación. Fijé la atención en el momento en el que ocurrió, entonces todo pasó en cámara lenta, fueron sus ojos tal vez… o esa sonrisa. No sé. Después de unos cuantos olvidos uno se aprende bien el camino, pero la verbalización del lenguaje central que se llega a externar por voluntad propia… ése siempre se queda contigo, entonces te das cuenta que todos esos caminos de olvidos ya recorridos sólo fueron atajos y que debes aprender a diferenciar el que siempre te ha llevado a encontrar tu lugar.

Así bajito me atreví a decirle que uno de tantos sueños se me había cumplido, que no había necesidad de fotografiarnos de la mano porque igual ya lo tenía bien guardado donde nadie pudiera tocarlo, tampoco era una simple fotografía que se necesitara revelar, en esa ocasión precisamente no hubo nada que revelar porque tampoco hubo necesidad de hacerlo; intentaba que mis ojos no se convirtieran en relojes de arena para que el tiempo diera lugar a muchos giros espontáneos. Entonces cerré los ojos, intentando ser un ser humano que sobrevive como cualquiera.

No funcionó… seguí pensando que tampoco había necesidad de tronar todas las bombillas de la ciudad para imitar una explosión.

A veces basta con solo mirarla.

miércoles, 11 de junio de 2014

Vamos aclarando el panorama, sin pingüinos en la cama...

Esta semana les ha dado a mis sentimientos encontrarse y pasar de largo, sabiendo cada uno cual es el lugar que deben tomar. Y es que a veces lo que está mal no es la esencia sino lo que se encuentra alrededor, un día parece que todo se acomoda pero una duda basta para querer echarlo todo por la borda sin saltar después a su rescate. Dudas innecesarias, pero tan humanas como cualquier virtud.

Dicen bien, que una relación tiene siempre dos versiones; el punto es el enfoque que se le da cuando no se cumplen las expectativas. Igual te topas con que solo fuiste una hoja más para reciclar o terminas siendo el mismo árbol creador de hojas. Ni idea.

El problema de los sentimientos no es que se encuentren y se hagan garras porque no se entienden, yo digo que hace falta que se inviten un café y a ver si la cosa mejora. A estas alturas me queda claro que un café no es ningún asesino, que si confiesas lo que sientes no eres más culpable ni menos inocente, que si decides ahogarte en tu propio vaso no es porque sea temporada de tormentas... Igual te ahogas cuando el mar está en calma pero la tormenta vienes siendo precisamente tú. Igual cuando tropiezas con la misma piedra varias veces y terminas dudando si la piedra eres tú.

Pero bueno, justo ahora no sé que es bueno pensar, si serle fiel a mis instintos o ser como la gente que olvida el concepto de vivir por vivir, y se dedica a sobrevivir. Si cualquiera puede: Porqué yo no?

Habría que tener un concepto distinto de la palabra felicidad....

Qué complicado eres, mundo. Que complicado!

martes, 10 de junio de 2014

Círculos


Pequeño huracán

La intento convencer que hay días que se hicieron para dar un paseo en globo, me sonríe con esa mueca de inseguridad y temo que en cualquier momento se rompa, a llorar o a reír, no sé que pueda pasar. Cruzo los brazos haciendo la huelga que nunca se consumará y pregunto cuántos días lleva sin llover. Tres, me dice, apenas van tres.

Y yo con los pies columpiándose en el puerto, observando como llega el punto en que el cielo y el mar se juntan en el horizonte. De pronto me abraza como si el mundo se hiciera chiquito y no hubiera tanto espacio para dos, abrazos compactos y seguros. No pido más, que el mundo se comprima lo que quiera mientras la tenga a ella a mi lado.

Un día después de bucear con tiburones me dijo que ella pertenecía al fondo del mar, solté una carcajada porque nunca imaginé que soltaría tal confesión y es que eso conquista a cualquiera. Nunca sabes con que sorpresa va a salir. Después de reír por un buen rato, me tomó de la mano como quien teme soltar un globo y que éste comience a flotar en el aire, la apreté, ese día yo tampoco quise volar.

Y así fue pasando el tiempo, mientras la arena del reloj daba vueltas infinitas, el mundo se encargaba de volverse cada día más nuestro. No hubo necesidad de pasear en globo, a su lado todos los días resultan ser mejores que un simple paseo en el aire.

lunes, 9 de junio de 2014

Dile al silencio que me perdone

Hoy lo he descubierto: mi chica revolucionaria siempre había sido suya, lo entendí cuando cambió el tema hace tres noches diciéndome que la Luna brillaba más desde mi balcón; sólo me quedé mirándola, con más profundidad con la que observo un cuadro de Pablo Picasso o Frida Kahlo, con más reflexión, con mucho más sentimiento, con menos simetría que la de mis pupilas sobre su cuerpo. Mi chica tiene pequeños los pasos y grandes los caminos, baila cuando nadie la ve porque teme que alguien interrumpa su libertad de volar y sentir que puede saltar desde la suela de sus tenis favoritos; siempre sabe qué decir, incluso cuando no dice nada, cuando se muerde los labios porque teme que alguien más lo haga y entonces todo llegue a perder sentido.

Recuerdo cuando me llevaba de la mano por las calles de Madrid, recuerdo cuando se perdía entre la gente y yo solo esperaba en el mismo lugar en el que la conocí. Siempre supe que llegaría a tiempo, aunque el reloj marcara dos horas después de lo acordado. Me olvidé de su vacío cuando el viento me hizo el favor de rellenarme los pulmones de recuerdos, va corriendo de norte a sur con la sonrisa pintada y las pestañas húmedas, y yo me limito a observarla de lejos porque es la única forma en la que la vida se transforma en instantes que estoy cansada de reciclar. Me dijo que había dejado de nombrarme porque un día, de pronto, dejé de escucharla gritar mi nombre; me contó que hay mañanas en las que le pesa más la vida e intenta disolverlas en su taza de café pero siempre viene dando lo mismo. Llevo con ella más años luz de los que tardan las naves en llegar a la Luna. Dejó de ser mi musa el día en el que dejé de pensar en ella sin pensar en la palabra amor. Cosa que nunca pasó, no sé si me explico.

He vuelto un par de veces al mismo sitio en el que la pensé y dejé escapar tormentas tropicales de mis ojos, con la misma intensidad con la que se le antoja decirme un día que se le ha ocurrido volar un cometa pero que quiere que sea conmigo. Justo hoy que he descubierto que mi chica siempre ha sido de otra que no soy yo, le he dado más vueltas al asunto que las vueltas que le da el Sol a la Tierra o al revés, ya ni me acuerdo. Tengo tres minutos que me pesan más que nunca sus ausencias y eso que no sobrepasan los límites de un ocaso perfecto. Son solo minutos y tengo que aceptar que se ha ido de mi lado y me rehúso a aceptar que sea para siempre. La quiero conmigo.

Ayer abrí los ojos un poco después del amanecer y descubrí que igual las nubes me hicieron el favor de taparme lo que me quedaba de olvido, y luego cuando tallé mis ojos para observar mejor, supe que era mentira y que el favor todavía me lo deben. Me preguntaron que de qué iba, si de cualquier forma me había dejado en casa con sus cajones vacíos y su almohada sin funda, sinceramente no supe qué contestar, y es que últimamente las manos se mueven solas y la furia de la ciudad se transforma en una luz más que ilumina la galaxia. Le dije que quería dar la vuelta al mundo con ella, y si les cuento lo que me dijo seguro la tachan de imprudente. Pero no ha habido mujer más cuerda que la mía, porque hace que llueva a la hora que le den ganas de mojarse el pelo y plantarme un beso de esos que ya no existen. Lo peor es que eso temo, que hayan dejado de existir… sobre todo cuando la veo y le delineo los labios con la mirada. Sobre todo cuando me escondo entre las sábanas porque no quiero salir más, cuando me voy al más alto de los rascacielos y en silencio grito su nombre porque igual ya ni lo escucha. Pero siempre la traigo aquí dentro, en el centro del todo y en el vacío de la nada; ahí donde el frío se funde con el calor y el otoño se hace primavera; donde su sudor se convierte en lluvia y mi cuerpo se hunde hasta sus profundidades. Ahí donde termina su falda y empieza mi locura.

Pero qué más da. Hoy he descubierto que mi chica siempre ha sido suya. Y temo yo también pertenecer a ella, a la que no habla, a la que se queja en silencio porque todos prefieren dejar de escucharla, a la que nadie entiende hasta que la vive, la que quema despacio, la que se hace fuego y en lugar de arder… enfría.

Y si llegan a ver a mi chica primero que yo, díganle que hoy puedo decir que la he querido como nunca he querido a una mujer. Porque aunque ya esté con otra que no soy yo, esa otra no puede hablar de ella como lo hago yo.

sábado, 7 de junio de 2014

Hoy, te regalo esta noche

Siempre había sido como un barco anclado, con la fragilidad del rompevientos en una tormenta eléctrica; era mucho pedir que en medio de aquél fenómeno sonoro yo pudiera mantener la calma, apretando mis manos intentando conservar la energía molecular que se desbordaba y golpeaba enérgicamente el timón, haciéndome perder el rumbo.

Te llamé alba y ocaso; te llame de noche, de tarde y de día; te llamé mía y te llamé ajena, te hice esposa del viento y amante del mar. Me gustaba pensar que tu silencio era mi puerta hacia tu cielo, que la forma en la que abrías los labios para hablarme de ti era perfecta para mis oídos, te hablé de los naufragios poéticos que transforman las olas en besos y te hablé también de aquellas olas que me inundaban hasta los huesos.

Siempre había sido como aquél soldado en la guerra que aprieta los puños y mantiene la calma en medio de tanto ruido; supongo que la soledad a fin de cuentas es una amiga más, no hace falta cerrar los ojos y decir que no hago más que observar la forma en la que tu silueta se aleja de la oscuridad y se posa en el más elevado de los acantilados, temiendo saltar al vacío sin mirar atrás.

Tal vez debía contarte las lunas de tus ojos, decirte que el otoño se vuelve amigo hasta de los más olvidados y que a veces por las noches consigo contemplar la brisa perfecta de la madrugada y te encuentro en ella, contando las estrellas que se me desbordan de los ojos cada que pienso en ti. De ida y vuelta te dejé unos cuantos puntos suspensivos por si los quieres borrar o por si quieres hacer de ellos una hilera de oportunidades. Si me encuentras en medio del océano no te ofendas si he dejado de gritar tu nombre, tal vez es momento de levantar mi ancla, izar las velas y seguir sin ti. Sabiendo que justo después de partir voy a voltear a mi costado esperando verte ahí.

Y es que yo no tengo nada, incluso temo no tenerte a ti.

martes, 3 de junio de 2014

Ritmos desafinados

Te regalo esto que tengo y todo lo que no tengo también, te regalo lo que me cabe en el bolsillo y lo que no puedo guardar más. Si he sido sincera cuando he dicho lo que siento no me he quedado dos pasos atrás.

Otras veces digo las cosas a medias y no es que mienta es solo que no alcanza el tiempo para decirlo y las horas recurren a la soledad innombrable de lo que siempre ha sido de dos. Son cosas distintas, lo que dejo de mostrar porque es lo justo y lo que te guardo en el fondo porque es también real. No hay forma de darle vuelta a la ruleta del destino, un dia te sube al cielo y otro te baja el cielo a los pies, incluso menos y todo parece una cueva de murciélagos recién descubierta por Discovery Channel, pero igual nunca hay vuelta atrás y mientras descubro la salida aprovecho la ocasión con el señor Bacardí, un trago, dos... Los que sean con tal de salir.

Tampoco hay medias tintas, ni medio "te quiero", ni medio "no eres nada para mi", es el todo o es la nada, y a veces todo es nada y nada es todo aunque sea tan difícil distinguir. Es el proceso de entrar o salir de la burbuja y ampliar el panorama, abrir y cerrar puertas, poner candados, tirar la llave, cambiar el suelo, pisar el cielo y volver para seguir.

Tal vez a solas, tal vez contigo.

Pero me basta saber que nunca ha sido sin ti.

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