Hacen falta más Domingos con tu nombre, o pausar estas ganas de tenerte más cerquita de mi. No sé. Si he de desaparecer cuando más empiezas a quererme, debo acostumbrarme a serle fiel al eco que te nombra en mi habitación cuando tú no estás. Y es que hay Domingos que me saben a café de tres días y otros que derraman chocolate sobre sus manecillas. Ninguno empalaga, ninguno harta. Todos saben a ti.
Entonces me da por empezar a bloquear sentimientos cuando intentan destilarse por los poros de mi piel, no hace falta que se haga de noche y me de cuenta que en medio de mi jardín el cielo aún conserva su esfera brillante, que la emoción constante de la aparición fugaz de las estrellas no se compara con el perfume que se evapora de mis labios cuando te pienso.
Es complicadamente sencillo, y aún así no lo puedo entender. Mentiría si repito que hacen falta más Domingos con tu nombre... Más bien hace falta que te des cuenta que ya existen aunque no haga falta despegar mis labios para llamarte y decirte que te quiero aún más que ayer.
Tampoco hace falta mentir, esta soledad que te grita en silencio se mantiene tranquila cuando escucha tu voz, paciente, impaciente, calmada y moribunda escuchando de tus labios las palabras que teme oír. Que no sea cosa de rutina y que no se nos acaben las ganas de decirnos "te quiero" por sorpresa, por costumbre o por amor.
Que pesen más las sonrisas tatuadas en todos los días de mi semana, que se aturdan las voces que no entienden nada. Que la isla en la que te espero sea un pedazo de tierra más por conquistar en tu nombre. O que los mares me inunden estas ganas de quererte a deshoras, que me quiten el deseo de arrancarle los seguros a tus puertas cerradas o que aprenda a mentir cuando quiero decir que te quiero.
Ojalá pueda ver el mundo desde tus pupilas, para saber a que saben los inviernos desde los veranos de tus ojos, para entender porque quema más la primavera cuando quiero besarte o porque te da más frío abrazarme cuando empieza el ocaso.
Ojalá lo pueda entender, porque hay Domingos que duelen tanto que tal vez sea mejor mentir.
Esta semana les ha dado a mis sentimientos encontrarse y pasar de largo, sabiendo cada uno cual es el lugar que deben tomar. Y es que a veces lo que está mal no es la esencia sino lo que se encuentra alrededor, un día parece que todo se acomoda pero una duda basta para querer echarlo todo por la borda sin saltar después a su rescate. Dudas innecesarias, pero tan humanas como cualquier virtud.
Dicen bien, que una relación tiene siempre dos versiones; el punto es el enfoque que se le da cuando no se cumplen las expectativas. Igual te topas con que solo fuiste una hoja más para reciclar o terminas siendo el mismo árbol creador de hojas. Ni idea.
El problema de los sentimientos no es que se encuentren y se hagan garras porque no se entienden, yo digo que hace falta que se inviten un café y a ver si la cosa mejora. A estas alturas me queda claro que un café no es ningún asesino, que si confiesas lo que sientes no eres más culpable ni menos inocente, que si decides ahogarte en tu propio vaso no es porque sea temporada de tormentas... Igual te ahogas cuando el mar está en calma pero la tormenta vienes siendo precisamente tú. Igual cuando tropiezas con la misma piedra varias veces y terminas dudando si la piedra eres tú.
Pero bueno, justo ahora no sé que es bueno pensar, si serle fiel a mis instintos o ser como la gente que olvida el concepto de vivir por vivir, y se dedica a sobrevivir. Si cualquiera puede: Porqué yo no?
Habría que tener un concepto distinto de la palabra felicidad....
Qué complicado eres, mundo. Que complicado!
La intento convencer que hay días que se hicieron para dar un paseo en globo, me sonríe con esa mueca de inseguridad y temo que en cualquier momento se rompa, a llorar o a reír, no sé que pueda pasar. Cruzo los brazos haciendo la huelga que nunca se consumará y pregunto cuántos días lleva sin llover. Tres, me dice, apenas van tres.
Y yo con los pies columpiándose en el puerto, observando como llega el punto en que el cielo y el mar se juntan en el horizonte. De pronto me abraza como si el mundo se hiciera chiquito y no hubiera tanto espacio para dos, abrazos compactos y seguros. No pido más, que el mundo se comprima lo que quiera mientras la tenga a ella a mi lado.
Un día después de bucear con tiburones me dijo que ella pertenecía al fondo del mar, solté una carcajada porque nunca imaginé que soltaría tal confesión y es que eso conquista a cualquiera. Nunca sabes con que sorpresa va a salir. Después de reír por un buen rato, me tomó de la mano como quien teme soltar un globo y que éste comience a flotar en el aire, la apreté, ese día yo tampoco quise volar.
Y así fue pasando el tiempo, mientras la arena del reloj daba vueltas infinitas, el mundo se encargaba de volverse cada día más nuestro. No hubo necesidad de pasear en globo, a su lado todos los días resultan ser mejores que un simple paseo en el aire.
Te regalo esto que tengo y todo lo que no tengo también, te regalo lo que me cabe en el bolsillo y lo que no puedo guardar más. Si he sido sincera cuando he dicho lo que siento no me he quedado dos pasos atrás.
Otras veces digo las cosas a medias y no es que mienta es solo que no alcanza el tiempo para decirlo y las horas recurren a la soledad innombrable de lo que siempre ha sido de dos. Son cosas distintas, lo que dejo de mostrar porque es lo justo y lo que te guardo en el fondo porque es también real. No hay forma de darle vuelta a la ruleta del destino, un dia te sube al cielo y otro te baja el cielo a los pies, incluso menos y todo parece una cueva de murciélagos recién descubierta por Discovery Channel, pero igual nunca hay vuelta atrás y mientras descubro la salida aprovecho la ocasión con el señor Bacardí, un trago, dos... Los que sean con tal de salir.
Tampoco hay medias tintas, ni medio "te quiero", ni medio "no eres nada para mi", es el todo o es la nada, y a veces todo es nada y nada es todo aunque sea tan difícil distinguir. Es el proceso de entrar o salir de la burbuja y ampliar el panorama, abrir y cerrar puertas, poner candados, tirar la llave, cambiar el suelo, pisar el cielo y volver para seguir.
Tal vez a solas, tal vez contigo.
Pero me basta saber que nunca ha sido sin ti.