"Tienes
diez minutos para explicar tus razones"
No dije
nada.
Hay
ocasiones en la vida en las que es innecesario externar argumentos. Y aún asi,
los primeros quince segundos me supieron a canela hervida, daban vueltas en mi
boca y conforme pasaban por mi garganta imaginé aquél árbol viejo en donde
congelé mi sonrisa con otras sonrisas más. Todavía siento como crujen las hojas
secas de otoño que se atraviesan en mi camino.
Cierro
los ojos de una forma involuntaria, entonces todo empieza a darme vueltas, mis
manos permanecen aferradas y poco a poco van disminuyendo su fuerza, cada
músculo se relaja al ritmo de mi respiración.
Cuando
detengo mi mirada en esos ojos ajenos veo caminos a su alrededor, las huellas
que el mismo tiempo ha sabido acomodar, ellos aclaran la garganta antes de
hablar, tal vez porque el tiempo que tardan en hacer ese ronquido con sus
cuerdas vocales es suficiente para lanzar su siguiente bala intelectual. Ningún
camino exitoso ha salido de una caja de cereal.
Guardo
silencio en un baúl con llave, mis pupilas guardan las escenas a detalle, sonrío,
junto las manos, me mantengo inmóvil.
Tal vez
un día, mientras camine, me de cuenta que eso que cruje bajo mis pies no son
las hojas de otoño ni las hojuelas de cereal, sino todos esos sueños
desechables que se rompieron porque así como los argumentos, hay sueños
idealizados, mediocres e innecesarios que no vale la pena recopilar.
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