miércoles, 15 de enero de 2014

Cereal in a cup

"Tienes diez minutos para explicar tus razones"

No dije nada.

Hay ocasiones en la vida en las que es innecesario externar argumentos. Y aún asi, los primeros quince segundos me supieron a canela hervida, daban vueltas en mi boca y conforme pasaban por mi garganta imaginé aquél árbol viejo en donde congelé mi sonrisa con otras sonrisas más. Todavía siento como crujen las hojas secas de otoño que se atraviesan en mi camino.

Cierro los ojos de una forma involuntaria, entonces todo empieza a darme vueltas, mis manos permanecen aferradas y poco a poco van disminuyendo su fuerza, cada músculo se relaja al ritmo de mi respiración.

Cuando detengo mi mirada en esos ojos ajenos veo caminos a su alrededor, las huellas que el mismo tiempo ha sabido acomodar, ellos aclaran la garganta antes de hablar, tal vez porque el tiempo que tardan en hacer ese ronquido con sus cuerdas vocales es suficiente para lanzar su siguiente bala intelectual. Ningún camino exitoso ha salido de una caja de cereal.

Guardo silencio en un baúl con llave, mis pupilas guardan las escenas a detalle, sonrío, junto las manos, me mantengo inmóvil.

Tal vez un día, mientras camine, me de cuenta que eso que cruje bajo mis pies no son las hojas de otoño ni las hojuelas de cereal, sino todos esos sueños desechables que se rompieron porque así como los argumentos, hay sueños idealizados, mediocres e innecesarios que no vale la pena recopilar.

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