jueves, 12 de diciembre de 2013

Similitudes Perpendiculares

Últimamente he preferido que mi vaso de whisky se haga infinito, he afinado más mis oídos, pues parece ser más fácil que eso de tener que afinar la garganta; me llevo las palabras que quieren salir y que se me quedan atoradas en la lengua, las regreso al esófago y que se descompongan en el hígado a ver si dejan de volver.

La tinta se me acabó desde hace un par de meses y las hojas en blanco sólo rellenan silencios que aturden, mi teclado se averió y justo ahora me pregunto qué demonios hago aquí destilando tanto sentimiento. El otro día iba publicar una entrada, de esas que podría leer mil veces sin cansarme, y justo cuando la iba a lanzar al campo de batalla todo se trabó, desde mis dedos hasta todo ese montón de cables y cosas raras que se esconden debajo del teclado. No intenté dos veces, y así me pasó otras cuantas hasta que decidí dejar de escribir. 

No pude.

Una vez conocí a una mujer que me enseñó a ver el mundo de una forma distinta, me gustaba la forma en la que se dejaba llevar, y sonreía a pesar de todo lo que no iba de acuerdo a sus expectativas. Me cautivó su mirada, de esas que ya casi ni existen, cuando empezó a quererme me dio por correr por el lado contrario. Nunca me detuve a preguntarme porqué, siempre pensé que ese no era mi lugar. Sólo caminé, y caminé... hasta que desaparecí.

Luego, me enteré que conoció a otra mujer de la que se enamoró profundamente, y solo pude sonreír desde muy lejos.

Qué bonito es esto de amar a la persona que te ama.

Qué lástima que el whisky se termina antes y se enfría más rápido que lo que tenía y no pude darte.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Caída libre

Veo azules los árboles y verdes las nubes. Después empiezo a hacerles poemas a las hojas secas y lo entienden todo mal. Yo no hablo ese idioma. Ellas piensan que mientras más se enredan en mis cabellos van a entenderme mejor, pero no. Nada de eso funciona y siento que me desespero pero sé que es temporal.

El otro día vi como un tipo se cosía los labios para no hablar, parecía estar en huelga. Primero abrí los ojos como dos paracaídas a punto de tocar el suelo, pero a los dos minutos de observarlo bien entendí todo. Y cuando levanté la mirada, el cielo seguía verde. Todo es tan diferente.

Puedo pararme en el rascacielos más alto para ver si estando más cerca descubro el olor del cielo, pero es que ni siquiera así podrías entender lo que esos labios cosidos quisieron decir. No los de ese tipo, no. Los míos. Yo me corté las suturas con tus besos, pero desde entonces cada palabra me sabe diferente. No intento saborearlas, solo las dejo en tus labios para que solo tú sepas que te quiero decir.

Aunque le ponga raíces a las estrellas y tierra a la Luna; aunque las gotas me sepan a sal de mar y los peces a carne seca. Aunque siga pensando cómo medir las horas que me faltan para vernos.

Aunque todo se vuelva al revés. Tal vez solo quiero ver lo que ves a través de mis ojos y sonreír como lo haces cuando me quieres besar.

Tal vez no he visto bien el mundo que me rodea, tal vez no me fijo porque todo lo que conocía ya no existe más.

Por eso pienso que está todo mal. Pero no es así.

Tal vez los árboles siempre fueron azules y yo pensaba que no era así.


Era otro mundo, era otro tiempo. Era otra, yo.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Encuentros

Hay un acceso directo al umbral de los sueños que nadie recuerda, implantados en las profundidades del inconsciente como el rastro inmutable de los silencios que más nos pesan.

Se amontonan los fragmentos de cada virtud escondida detrás de los rostros congelados que nadie se atreve a derretir y yo no sé por qué son esos momentos en los que el miedo se triplica y nos deja inmóviles ante una expectativa incierta. Como todas, pero con más anhelo de que esa en especial se cumpla.

El camino contorneado de perseas americanas lleva en el fondo un laberinto donde el unicornio con alas transparentes contempla los sollozos temerosos de aquél que se sienta a llorar porque no encuentra el camino. Y guarda silencio en cajitas con llave amontonadas al final para cuando llegue el dueño a abrirlas por primera vez. Todo a su tiempo.

Sin duda, hay sueños que atraviesan el mundo como el sonido del violín en medio del desierto, sin llaves que los escondan, con la precaución de entregarse a la persona que conozca de caminos torcidos, laberintos confusos y besos que reviven después del caos.

Que se dejen atrapar las virtudes enmascaradas por el eco de viejas historias de amor ya caducadas, que se conviertan en las señales irrefutables del acceso directo que me lleva al lugar ideal en donde nos conocemos sin miedo a quebrarnos en mil pedazos.

Es cierto, es pobre el amor que se alimenta solo de pensamiento.

No basta con solo soñar despiertos, habría que aprender a hacernos realidad.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Espacios compactos


"SALA DE ESPERA"

Con letras mayúsculas y ubicado en un lugar supuestamente estratégico. Un metro a la derecha se lee "Ruta de Evacuación". Seguramente la gente nunca lee esos letreros cuando en un momento crítico lo único en lo que piensa es en salir corriendo a como de lugar.

El olor a chai llega hasta mis narices,apuesto que todas las que están ahí dentro reirían si me escucharan decir eso.

Cualquiera pondría cara de asco, mientras a mi se me antoja un chai, ellos saborean el fluor y se les duerme la lengua con tanta anestesia.

Cuando tenía diez años la maestra nos pidió que dibujaramos todo eso que "queríamos ser de grandes", entonces saqué lo Kandinsky que vive dentro de mi y me pinte una sonrisa colgate de oreja a oreja que solo yo entendía.

Nunca me imaginé que realmente la vida es así, como un cuadro de Kandinsky con figuras flotando, siguiendo un orden proporcional al tamaño de la creatividad de cada uno. Interpretaciones individuales y muy diferentes entre si.

Muchas ideas para tan poco espacio.

En fin, ya me empezó a dar frío y lo más curioso es que en esta sala la única que en realidad no espera nada... soy yo.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Hay caídas que reviven

Tres y media de la tarde.

A esas horas del día nadie piensa en salir al campo a volar aviones por placer, el sol picante sobre nosotros y esas inmensas ganas de taparle la boca al niño llorón. Seguí caminando, jugando con las piedras que se atravesaban en mi camino. Los motores se encendieron y los aviones poco a poco fueron elevándose en el aire, uno por uno, haciendo figuras en el cielo, perdiéndose entre el polvo del desierto que se levantaba con ellos, sin prisa. Me conquistó uno con dos líneas rojas en el fuselaje, se lucía ante nosotros como el mejor bailarín en la pista.

Después de dos horas empezaron a bajar jugándose el equilibrio, aumentando la resistencia y siguiendo las órdenes del piloto que manejaba desde abajo las superficies de mando y control. Aterrizaje exitoso. 

El regreso a casa fue más ligero, me amarré el momento a la memoria con cuatro nudos de 'boy scout' para que nunca se me olvide. La abuela seguía sentada en la misma mecedora de siempre, con los ojos bien abiertos y la mirada perdida. Tal vez a esa edad la gente se dedica a ver el mundo como era antes, en los recuerdos, así, en blanco y negro como las películas de Buñuel... tal vez sea que por eso se sienten más solos que nunca porque nada de eso existe ya. Una reflexión obligada. Tal vez les pesan más los labios (o la vida) y por eso ya no los quieren abrir. No sé. 

Lo que si sé es que esa fue la última vez que la vi. 

Después nada volvió a ser igual.

Me pregunto en qué momento las personas dejamos de luchar contra las restricciones de nuestra libertad. Cuál es el punto límite de la tolerancia individual y cómo rompemos los lazos que nos unen al tiempo detenido?

Se pierde o se gana autonomía. No hay mitades. El cambio crucial que nos obliga a salir del capullo como las orugas nos detiene de golpe contra las barreras de la libertad condicional y llegamos al punto en el que todo deja de tener sentido porque se evapora. 

(Entonces todo lo que se evapora deja de tener sentido, porque ya no existe)

Tal vez los deseos que vamos teniendo en la vida se alimentan dándose vueltas entre los huracanes de nuestros pensamientos y aterrizan un día sin avisar. A veces se cumplen disfrazados de infinitas formas y figuras que moldean la realidad.

Y pagamos el precio de la extinción, negociando lo que nos falta por perfeccionar, con la garantía de lo efímero paseándose frente a nosotros.

Así nos controla el anhelo de lo prohibido, haciéndonos girar en el aire entre el polvo y el olvido. Nos mantiene con los ojos abiertos y la mirada fija en un punto que muchas veces ni siquiera existe en realidad.

Órbitas ajenas que llevan mi nombre

¿Cuántas voces se necesitan para romper en pedazos un silencio profundo?

Cuántos pasos para mantener el equilibrio en las arenas movedizas del montón de hojas en blanco que no te he llenado de versos.

El cielo se hace rosa y ya casi anochece, mis ojos se abren despacio y recuerdan ese Sábado que me pasó en blanco después de una guardia pesada, desperté en la madrugada del Domingo cuando todos dormían, con unas cuántas llamadas perdidas y ochenta palabras atoradas en la garganta. Las mismas ochenta que nunca dije.

Me dediqué a recorrer incansablemente las líneas de una historia que me caló hasta los huesos, porque igual nunca existió.

Que sabor tan amargo desprenden los huecos a los que no les llegan los rayos del sol. Miradas del color de la Luna en una órbita ajena, brillando para otras tres estrellas más... porque en el universo las galaxias son muy grandes si las comparo con los planetas que viven de tus besos.

El otro día descubrí la estrella que más brilla en el marco de mi ventana.

¿Y sabes qué?

Se parece a ti cuando nadie te ve.

Así, parpadeando muchas veces como si me invitara a formar parte de una vida que dejó de ser mía hace muchos años luz.

Muchos años sin ti que se sienten lejos.

Lejos de todos.

Años ajenos de los que solo quedó eso, una estrella que ya nadie ve. Quizá sea la sombra infinita de un planeta que murió solitario, en una órbita que separó tu mundo del mío.

O quizá sea solo un foco a punto de fundirse en la ciudad.

Una estrella. Un planeta. Un foco fundido.

Da igual.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Círculos agridulces

Hoy todo me sabe diferente. El café quedó amargo y la fruta del desayuno aún no estaba en su punto.

Las hormigas negras que suelen caminar en hilera por mi jardín hoy han tomado otro rumbo.

Faltan veinte para las once y el viento de Los Andes en América del Sur se vuelve espeso en el punto más alto.

Justo ahora recuerdo el olor a madera fresca después de llover, los árboles frutales se vuelven nobles para morir entre tus manos y hacerse inmortales en tu memoria.

Rodeo con mis manos tu cintura y me sabes a almendra hecha mazapán. Pero aún así, no me ha quedado claro el sabor de tu piel bajo el sol de medio día.

Te aprieto a mi pecho con los puños cerrados para que nunca te me salgas y puedo sentir como crujen los restos del glaciar de Tasmania mientras te convierto en mi isla secreta.

A esta hora me hago inmune a las ráfagas heladas del Tíbet, vuelo en globos aerostáticos elevando el aroma de tu cabello sobre la hierba mojada y enjuago las huellas de mis manos en la corriente del río más grande de tu cuerpo.

El reloj ya dio media vuelta, el vino reposa las ganas de conocer los espacios libres de tu cuello mientras te guardo el tiempo sumergido entre nosotros en la geografía de mi lunar favorito.

No hace falta que digas que has llegado justo a tiempo, cada gota de sudor que se evapora cuando tú no estás, desprende el olor cítrico en tu habitación vacía... y el peso se hace agua.

Ahora todo me sabe a gajos de naranja en su mejor época.

Ahora todo me sabe a ti.

jueves, 31 de octubre de 2013

Margen de error

Es la Luna y ese ciclo que tiene, son las hojas de los árboles que se caen en estas épocas del año, el café que me tomé a las tres de la mañana para aguantar la guardia. 

Son los pasos de la gente en los pasillos, las ruedas de las camillas, los gritos, las ojeras, los pies cansados y todas las horas que me faltan.

Es tu forma de verme a los ojos, como me hablas, las canciones que me dedicas, las que oigo y las que dejo ahí porque no las quiero escuchar. Las palabras que salen de tus labios, las que me llegan y las muchas otras que se van con el viento. Las puertas cerradas, los cajones vacíos, el eco de la nada.

Son las flores azules y el color del cielo a media tarde, mi sabor favorito de helado, las huellas de tus manos sobre las cartas que no te voy a escribir.

Los sentimientos que te guardas, los que demuestras y todos los demás que no voy a corresponder.

Es todo.

Menos tú.

lunes, 21 de octubre de 2013

Cuento eterno


Tic-tac

jueves, 17 de octubre de 2013

Promesas diluidas

No me culpes de serte infiel con las sirenas que disuelven la calma del océano cada Luna llena. Bailando como si nadie las estuviera viendo.

Si me atrevo a decirte al oído que te quiero no es con la intención de que voltees al sitio desde donde te nombro. Debes esperar a que baje la marea para recopilar lo que queda de cada vacío retenido en alta mar.

Y así, con el rumor de mi estancia ilimitada en el lecho de tus deseos cautivos, voy a prenderme con el fuego de los volcanes en su punto máximo de erupción. Te invito a adoptar la forma efusiva que nos convierte en seres inmortales.

Disculpa que me atreva a conquistar los desiertos inanimados, ansiosos de exprimir cada gota de agua escondida entre las nubes de cada  uno de nuestros encuentros.

Quédate en el mismo lugar en el que te guardo las ausencias, porque tal vez sea el primer espacio en el que te quiera encontrar.

Deseos orgánicos

Quieres escribir un nuevo episodio, con la taza vacía,  el corazón sordo y tus manos distraídas. No escuchas ni el susurro del futuro que viene a preguntarte si te vas o te quedas.

En el campo las flores bailan para el señor Sol mientras mi felicidad se clava como los cuadros abstractos en las paredes desnudas de mi memoria, tal y como me lo describiste una vez.

Cuánto más estáremos dispuestos a perder mientras nos sentamos detrás del mostrador de nuestra vida solo para verla pasar?

Ojalá no se te ocurra intentar alcanzarme, porque pretendo detenerme al instante en el que te vea salir. Y entonces sí, que los hombres preparen sus provisiones porque esta vez el mundo si se acaba de verdad. 

Otra vez.

Me gusta coincidir con los rostros de esos deseos vagabundos que vienen a pedir limosnas a mitad de la noche, como si eso los hiciera recapacitar.

El café ya está listo, tu taza sigue vacía y el reloj camina con los pies descalzos anunciando que antes del anochecer ya debes saber si te vas o te quedas.

Junto a mí.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La desnudez de un par de sentimientos

Si tomamos el sistema familiar como una institución moral en la que se vinculan los conocimientos iniciales con las experiencias futuras podemos entender entonces la realidad de una vida equilibrada o desequilibrada. Desmontando las ideas fatalistas de un conjunto de creencias que se van complementando con el tiempo y los acontecimientos personales posteriores al nacimiento, comprendemos entonces la naturaleza de los actos propios como mecanismo de supervivencia en la selva fraudulenta en la que vivimos día con día.

Tal vez sea ilógico pensar en la importancia del vínculo interpersonal que se crea en una sociedad transgredida en la que el paso efímero de cada uno de nosotros nos somete al instinto de conservación personal, y en medio de toda esa polémica basada en espejismos políticos y sociales nos atrevemos a criticar desde el público de una corrida de toros, cómo es que el torero no se atreve así tan fácil a agarrar al toro por los cuernos. Y todo cambia cuando el torero resulta ser uno mismo, montándose un show teatral en el que el público ajeno sigue criticando dicha actividad sin el más mínimo remordimiento, juzgando una situación en la que tarde o temprano cada miembro del público se verá obligado a estar. 

Entonces el vínculo que se ha creado tarde o temprano desaparece, llevándose consigo una experiencia más que compone las notas musicales del soundtrack de nuestra vida. Y qué fácil es eso de navegar con bandera de idiota y creer que todo lo que se ve es tal y como lo pinta la publicidad. Se cae en las trampas del consumismo maquillado, del valor monetario robado o adquirido, de la inversión personal que se otorga a cada una de las personas que aparecen en nuestra historia y nos dejan algo más que su mera estancia en el recibidor de nuestra vida. Nadie sabe para quién trabaja. Nadie sabe qué fue lo que dejó en la vida del otro, qué palabras se quedaron, qué palabras volaron con el viento, qué tinta indeleble marcó la historia de ese alguien más. Amamos sin saber porqué, nos entregamos, nos privamos, nos rompemos y nos volvemos a armar. Y con cada vuelta de la Tierra, desde que sale el Sol hasta que se vuelve a meter, seguimos caminando en una senda llena de obstáculos que tal vez en su momento no supimos cómo esquivar hasta que los tuvimos en nuestras narices, y nos damos cuenta que entonces nada es lo que parece. Y a veces hasta resulta mucho mejor de lo que llegamos a pensar.

Tal vez en este camino en el que me encuentro no he logrado descifrar todas las razones que me han hecho conocer los más oscuros rincones y los más bellos paisajes del mundo. Pero fuera de un Universo paralelo en el que los días dejan de ser días y las horas pasan derritiéndose como la mantequilla en el pan del desayuno, encuentro respuestas de preguntas que me hice alguna vez, entiendo las razones de todas esas actitudes que algunas personas han tenido y en su momento no pude entender, por falta de experiencia, por ceguera amorosa, por idealización futura o por expectativas rotas. No sé. Pero he ido colocando las piezas correspondientes en el rompecabezas de mi vida.

Porque sí, sigo pensando que hay piezas que encajan a la primera y muchas otras que solo intentan encajar cuando saben que nunca serán de mi talla.

Y volvemos a la idea inicial. 

¿Qué tantas puertas debemos abrir? ¿Qué otras debemos cerrar? ¿A quién dejamos entrar? ¿A quién preferimos dejar de ver, de querer, de olvidar, de extrañar? 

Y el mundo sigue girando una y otra vez. Sin detenerse a tomar un café conmigo para responderme tantas preguntas. Pero bueno, supongo que eso también depende de cada uno, seguir navegando con los ojos parchados o romper las cadenas que nos atan al sótano de nuestros miedos, agarrar al toro por los cuernos sin juzgar las historias que cada uno traemos cargando desde mucho antes de nacer y hacer de ellas el repertorio perfecto que nos ayude a conocer cada línea que se dibuja en las palmas de nuestras manos. 

Y vivir, conjugando los verbos que nos hacen proclamar todo lo que somos y todo eso que podemos llegar a ser.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Corazón cobarde

Nada tiene sentido.

Ni el sonido de los grillos necios que casi a gritos me preguntan por ti, ni las gotas de lluvia que se esconden entre las hojas de mi jardín, ni el aire fresco que dejo entrar a mi habitación porque hay encierros que asfixian, que mutilan, que absorben, que me hacen desaparecer.

Si pusiera un poco de atención, tal vez pueda escuchar tu nombre, recordar el sabor de tus besos a medio día, a media tarde, a media noche. Tal vez pueda recordar el olor de tu piel, el perfume que dejas en tu almohada, la silueta que dibujas en la cama, el sabor de tus silencios y el olor de tus miedos al verme partir. Incluso recuerde las palabras que abrieron las puertas de mi vida y te dejaron entrar. 

Si pusiera un poco de atención escucharía tu nombre a todas horas en todos lados, confundiría tu risa con los rayos del Sol por la mañana, mi piel se estremecería con el vapor de las nubes cuando bajan preguntando por tí... y mi voz, bueno, mi voz ya no me deja nombrarte. 

Mis manos me cierran las puertas del recuerdo y me quedo afuera, viendo desde la ventana cómo me acurruco entre tus piernas frente a la chimenea, pensando que no hay mejor lugar que aquél donde yo esté junto a ti. 

Pero qué importa ya.

Ya no sé cómo es eso de pensarte todo el día ni de querer que pase rápido el tiempo para verte otra vez. He olvidado cómo quererte, cómo sentir esa tranquilidad por dentro cuando de lejos te veo sonreír. Ya no me acuerdo del timbre de tu voz, del brillo de tus ojos ni de tu música favorita. Ya no me se el camino del pasillo a tu habitación ni el color de tus tenis viejos. Se me borró del calendario el día que te conocí, nuestro primer beso, el último, tu cumpleaños... y toda esa pila enorme de las buenas razones que tuve junto a ti.


He olvidado todo.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Vale más vivir en lugar de sobrevivir



Me gusta que el mundo gire a su ritmo.

Me gusta más saber que eso no dependa de ti.

Ni de mi.

Ni de nadie.


viernes, 13 de septiembre de 2013

Tranquilo corazón, si lates muy fuerte nos puede oir

El otro día vi un letrero que decía:

"Se venden sonrisas"

Hemos llegado al punto en el que hasta las sonrisas tenemos que vender.

Lo más triste es que nadie se detuvo a comprarlas.

El día de hoy sigue igual de nublado que ayer y las razones que me incitan a nombrarte se me esfuman cuando piso el acelerador en la avenida principal.

¿Sabes cuánto cuestan los abrazos rotos?

Yo tampoco. Pero seguro valen más que los besos cobardes que no nos hemos dado.

En fin, que me digan donde firmo. Porque por cada amanecer, me suman el IVA de no compartirte mi vida en pedacitos chiquitos para disfrutarla mejor.

Y si. Sigo pensando en ti. Así, despacito para que nadie lo note. Tan despacito para no despertar las ganas de tomar el teléfono y decirte que ya no quiero vivir un solo día más sin ti.


domingo, 1 de septiembre de 2013

La locura con la que juegan los Dioses

Hicieron las pases con una sonrisa fingida, estrechando sus manos incesantemente y con las ganas de sentir el crujido de cada uno de sus huesos.

En su mirada podía sentirse esa enorme satisfacción de haber encontrado el éxito turbio ahogado en una copa del peor whisky jamás probado. Ensució la mesa derramando la tinta con la que firmó el trato. No había vuelta atrás. Se puso de pie, acomodó su corbata, dio media vuelta y salió triunfante de aquél lugar. Con el pecho hinchado de deshonra y con su sombra persiguiendo cada uno de sus pecados más infames. 

Así arrastran el mundo, llevando entre sus pasos ideas brillantes pero con un significado equivocado de todos los infinitivos del amor.

¿Cuál sería el significado correcto?

Si entre las personas cuya ambición es únicamente su autorrealización generalmente la vida pierde rumbo y el sentido del espíritu de la humanidad se vuelve cada día más errado, degradado y vanamente cruel. 

Este mundo se rige por el principio de la responsabilidad transferida, sin embargo el hecho de que como cultura no se sepa apreciar el individualismo como tal no es garantía de una autorrealización exitosa. Porque así como todo, eso también dependerá del concepto que existe dentro de cada uno de nosotros. Y celebrar un banquete rodeado de los felinos más salvajes, hará del peligro una fuente extremadamente excitable y auténtica.

Pero habrá que aceptarlo, que hay ocasiones en la vida en las que el veneno también forma parte de la perfección.

jueves, 22 de agosto de 2013

Versos Desatendidos

Me dijo: 

- "Un momento irrazonable puede llegar a ser nuestro mejor momento"

Y yo solo pude pensar en la rutina regulada, lo que nos paraliza día con día y nos hace envolvernos en las mismas cosas, en esa monotonía absurda que se burla a carcajadas de nosotros. Y hay días en los que parece que se nos arrebata todo para recuperarlo después, cuando la ciudad está en calma. Y en cuanto el ruido ensordecedor nos aniquila lentamente el pensamiento, se nos arrebata de nuevo, dejándonos otra vez con nada. 

Sin darnos cuenta tomamos y dejamos ir, regresándole al viento el poder de liberarnos de esas cadenas que gobiernan nuestros deseos más superficiales. Lo mejor de todo es que también se nos enseña a liberarnos de las máscaras que esconden el placer, vamos logrando comprender algunas de las lecciones que se ocultan detrás de un corazón enfermo y distraído. Aprendemos que la perspicacia con la que exploramos el Universo nos da la capacidad de navegar entre la niebla y la oscuridad. Todo resulta ser una revelación de nosotros mismos reflejada en las miradas de los demás, en las palabras que otras bocas murmuran, en los pasos cansados que se caminan con zapatos ajenos, en los arranques de pasión que explotan las ganas de arrancarnos la ropa, y nos incitan a recorrer nuestros cuerpos entrelazados y desnudos hasta poseernos el alma herida y arrepentida, arrepentida de haber perdido tanto por no querer ver la realidad tal y como es.

Nos aferramos a ver el mundo como queremos que sea aún cuando sabemos que es un error; y es aquí donde una vez más compruebo cómo es que a pesar de intentar vivir separada de esas emociones que gobiernan mis ganas, mi placer, mis vagas ilusiones, mis deseos, mis caminos recorridos, mis sonrisas obligadas y mi tiempo detenido; me obligan a entender que todo lo exterior es tan solo una mera expresión de lo que se oculta en nuestros rincones más escondidos del alma.

martes, 20 de agosto de 2013

Magic is not always blue

La vida es eso que pasa mientras intentas dar un salto que nunca sabes si será mortal. Dejas de pensar en lo que te absorbe lentamente y dejas fluir esas emociones que al unirse se transforman en deseos.

¿Qué sería la vida sin deseos?

Un soneto con las estrofas más sublimes, que llegan hasta tus oídos y se enredan en aquellos pensamientos irracionales que pesan más que el mundo que te rodea. Son sólo dos cosas importantes que pocos llevamos a cabo: Ser y Estar. 

Podría conjugar los verbos ilimitadamente y aún así faltarían palabras para demostrar que aquello que no logran decir mis labios se esconde en una sola mirada, en una sola sonrisa, en la mueca que hago cuando no quiero ser descubierta. Sólo tienes que poner atención.

Hay misterios que se descifran antes de que nos demos cuenta, y es ahí donde surge el misterio más importante. Darnos cuenta que aprendemos a ser si sabemos primero estar con nosotros mismos. 

Razones me sobran para seguir de pie, en este ahora valen más los silencios, vale más el momento preciso en el que con solo sonreír y detener mi mirada en aquél reflejo de mi misma nos damos cuenta de cosas que encontramos sin buscar. Que aparecen como todo lo que está predestinado a ser y a estar.

Los caminos se van formando y decidamos caminarlos o no, siempre sabremos el camino de regreso. 

No importa si titubeamos alguna vez, a fin de cuentas sigue ganando más el que arriesga que el que se queda inmóvil esperando que el mundo le traiga hasta sus pies los tesoros que uno encuentra explorando. 

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