jueves, 12 de diciembre de 2013

Similitudes Perpendiculares

Últimamente he preferido que mi vaso de whisky se haga infinito, he afinado más mis oídos, pues parece ser más fácil que eso de tener que afinar la garganta; me llevo las palabras que quieren salir y que se me quedan atoradas en la lengua, las regreso al esófago y que se descompongan en el hígado a ver si dejan de volver.

La tinta se me acabó desde hace un par de meses y las hojas en blanco sólo rellenan silencios que aturden, mi teclado se averió y justo ahora me pregunto qué demonios hago aquí destilando tanto sentimiento. El otro día iba publicar una entrada, de esas que podría leer mil veces sin cansarme, y justo cuando la iba a lanzar al campo de batalla todo se trabó, desde mis dedos hasta todo ese montón de cables y cosas raras que se esconden debajo del teclado. No intenté dos veces, y así me pasó otras cuantas hasta que decidí dejar de escribir. 

No pude.

Una vez conocí a una mujer que me enseñó a ver el mundo de una forma distinta, me gustaba la forma en la que se dejaba llevar, y sonreía a pesar de todo lo que no iba de acuerdo a sus expectativas. Me cautivó su mirada, de esas que ya casi ni existen, cuando empezó a quererme me dio por correr por el lado contrario. Nunca me detuve a preguntarme porqué, siempre pensé que ese no era mi lugar. Sólo caminé, y caminé... hasta que desaparecí.

Luego, me enteré que conoció a otra mujer de la que se enamoró profundamente, y solo pude sonreír desde muy lejos.

Qué bonito es esto de amar a la persona que te ama.

Qué lástima que el whisky se termina antes y se enfría más rápido que lo que tenía y no pude darte.

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