miércoles, 11 de junio de 2014

Vamos aclarando el panorama, sin pingüinos en la cama...

Esta semana les ha dado a mis sentimientos encontrarse y pasar de largo, sabiendo cada uno cual es el lugar que deben tomar. Y es que a veces lo que está mal no es la esencia sino lo que se encuentra alrededor, un día parece que todo se acomoda pero una duda basta para querer echarlo todo por la borda sin saltar después a su rescate. Dudas innecesarias, pero tan humanas como cualquier virtud.

Dicen bien, que una relación tiene siempre dos versiones; el punto es el enfoque que se le da cuando no se cumplen las expectativas. Igual te topas con que solo fuiste una hoja más para reciclar o terminas siendo el mismo árbol creador de hojas. Ni idea.

El problema de los sentimientos no es que se encuentren y se hagan garras porque no se entienden, yo digo que hace falta que se inviten un café y a ver si la cosa mejora. A estas alturas me queda claro que un café no es ningún asesino, que si confiesas lo que sientes no eres más culpable ni menos inocente, que si decides ahogarte en tu propio vaso no es porque sea temporada de tormentas... Igual te ahogas cuando el mar está en calma pero la tormenta vienes siendo precisamente tú. Igual cuando tropiezas con la misma piedra varias veces y terminas dudando si la piedra eres tú.

Pero bueno, justo ahora no sé que es bueno pensar, si serle fiel a mis instintos o ser como la gente que olvida el concepto de vivir por vivir, y se dedica a sobrevivir. Si cualquiera puede: Porqué yo no?

Habría que tener un concepto distinto de la palabra felicidad....

Qué complicado eres, mundo. Que complicado!

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