domingo, 22 de septiembre de 2013

La desnudez de un par de sentimientos

Si tomamos el sistema familiar como una institución moral en la que se vinculan los conocimientos iniciales con las experiencias futuras podemos entender entonces la realidad de una vida equilibrada o desequilibrada. Desmontando las ideas fatalistas de un conjunto de creencias que se van complementando con el tiempo y los acontecimientos personales posteriores al nacimiento, comprendemos entonces la naturaleza de los actos propios como mecanismo de supervivencia en la selva fraudulenta en la que vivimos día con día.

Tal vez sea ilógico pensar en la importancia del vínculo interpersonal que se crea en una sociedad transgredida en la que el paso efímero de cada uno de nosotros nos somete al instinto de conservación personal, y en medio de toda esa polémica basada en espejismos políticos y sociales nos atrevemos a criticar desde el público de una corrida de toros, cómo es que el torero no se atreve así tan fácil a agarrar al toro por los cuernos. Y todo cambia cuando el torero resulta ser uno mismo, montándose un show teatral en el que el público ajeno sigue criticando dicha actividad sin el más mínimo remordimiento, juzgando una situación en la que tarde o temprano cada miembro del público se verá obligado a estar. 

Entonces el vínculo que se ha creado tarde o temprano desaparece, llevándose consigo una experiencia más que compone las notas musicales del soundtrack de nuestra vida. Y qué fácil es eso de navegar con bandera de idiota y creer que todo lo que se ve es tal y como lo pinta la publicidad. Se cae en las trampas del consumismo maquillado, del valor monetario robado o adquirido, de la inversión personal que se otorga a cada una de las personas que aparecen en nuestra historia y nos dejan algo más que su mera estancia en el recibidor de nuestra vida. Nadie sabe para quién trabaja. Nadie sabe qué fue lo que dejó en la vida del otro, qué palabras se quedaron, qué palabras volaron con el viento, qué tinta indeleble marcó la historia de ese alguien más. Amamos sin saber porqué, nos entregamos, nos privamos, nos rompemos y nos volvemos a armar. Y con cada vuelta de la Tierra, desde que sale el Sol hasta que se vuelve a meter, seguimos caminando en una senda llena de obstáculos que tal vez en su momento no supimos cómo esquivar hasta que los tuvimos en nuestras narices, y nos damos cuenta que entonces nada es lo que parece. Y a veces hasta resulta mucho mejor de lo que llegamos a pensar.

Tal vez en este camino en el que me encuentro no he logrado descifrar todas las razones que me han hecho conocer los más oscuros rincones y los más bellos paisajes del mundo. Pero fuera de un Universo paralelo en el que los días dejan de ser días y las horas pasan derritiéndose como la mantequilla en el pan del desayuno, encuentro respuestas de preguntas que me hice alguna vez, entiendo las razones de todas esas actitudes que algunas personas han tenido y en su momento no pude entender, por falta de experiencia, por ceguera amorosa, por idealización futura o por expectativas rotas. No sé. Pero he ido colocando las piezas correspondientes en el rompecabezas de mi vida.

Porque sí, sigo pensando que hay piezas que encajan a la primera y muchas otras que solo intentan encajar cuando saben que nunca serán de mi talla.

Y volvemos a la idea inicial. 

¿Qué tantas puertas debemos abrir? ¿Qué otras debemos cerrar? ¿A quién dejamos entrar? ¿A quién preferimos dejar de ver, de querer, de olvidar, de extrañar? 

Y el mundo sigue girando una y otra vez. Sin detenerse a tomar un café conmigo para responderme tantas preguntas. Pero bueno, supongo que eso también depende de cada uno, seguir navegando con los ojos parchados o romper las cadenas que nos atan al sótano de nuestros miedos, agarrar al toro por los cuernos sin juzgar las historias que cada uno traemos cargando desde mucho antes de nacer y hacer de ellas el repertorio perfecto que nos ayude a conocer cada línea que se dibuja en las palmas de nuestras manos. 

Y vivir, conjugando los verbos que nos hacen proclamar todo lo que somos y todo eso que podemos llegar a ser.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Corazón cobarde

Nada tiene sentido.

Ni el sonido de los grillos necios que casi a gritos me preguntan por ti, ni las gotas de lluvia que se esconden entre las hojas de mi jardín, ni el aire fresco que dejo entrar a mi habitación porque hay encierros que asfixian, que mutilan, que absorben, que me hacen desaparecer.

Si pusiera un poco de atención, tal vez pueda escuchar tu nombre, recordar el sabor de tus besos a medio día, a media tarde, a media noche. Tal vez pueda recordar el olor de tu piel, el perfume que dejas en tu almohada, la silueta que dibujas en la cama, el sabor de tus silencios y el olor de tus miedos al verme partir. Incluso recuerde las palabras que abrieron las puertas de mi vida y te dejaron entrar. 

Si pusiera un poco de atención escucharía tu nombre a todas horas en todos lados, confundiría tu risa con los rayos del Sol por la mañana, mi piel se estremecería con el vapor de las nubes cuando bajan preguntando por tí... y mi voz, bueno, mi voz ya no me deja nombrarte. 

Mis manos me cierran las puertas del recuerdo y me quedo afuera, viendo desde la ventana cómo me acurruco entre tus piernas frente a la chimenea, pensando que no hay mejor lugar que aquél donde yo esté junto a ti. 

Pero qué importa ya.

Ya no sé cómo es eso de pensarte todo el día ni de querer que pase rápido el tiempo para verte otra vez. He olvidado cómo quererte, cómo sentir esa tranquilidad por dentro cuando de lejos te veo sonreír. Ya no me acuerdo del timbre de tu voz, del brillo de tus ojos ni de tu música favorita. Ya no me se el camino del pasillo a tu habitación ni el color de tus tenis viejos. Se me borró del calendario el día que te conocí, nuestro primer beso, el último, tu cumpleaños... y toda esa pila enorme de las buenas razones que tuve junto a ti.


He olvidado todo.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Vale más vivir en lugar de sobrevivir



Me gusta que el mundo gire a su ritmo.

Me gusta más saber que eso no dependa de ti.

Ni de mi.

Ni de nadie.


viernes, 13 de septiembre de 2013

Tranquilo corazón, si lates muy fuerte nos puede oir

El otro día vi un letrero que decía:

"Se venden sonrisas"

Hemos llegado al punto en el que hasta las sonrisas tenemos que vender.

Lo más triste es que nadie se detuvo a comprarlas.

El día de hoy sigue igual de nublado que ayer y las razones que me incitan a nombrarte se me esfuman cuando piso el acelerador en la avenida principal.

¿Sabes cuánto cuestan los abrazos rotos?

Yo tampoco. Pero seguro valen más que los besos cobardes que no nos hemos dado.

En fin, que me digan donde firmo. Porque por cada amanecer, me suman el IVA de no compartirte mi vida en pedacitos chiquitos para disfrutarla mejor.

Y si. Sigo pensando en ti. Así, despacito para que nadie lo note. Tan despacito para no despertar las ganas de tomar el teléfono y decirte que ya no quiero vivir un solo día más sin ti.


domingo, 1 de septiembre de 2013

La locura con la que juegan los Dioses

Hicieron las pases con una sonrisa fingida, estrechando sus manos incesantemente y con las ganas de sentir el crujido de cada uno de sus huesos.

En su mirada podía sentirse esa enorme satisfacción de haber encontrado el éxito turbio ahogado en una copa del peor whisky jamás probado. Ensució la mesa derramando la tinta con la que firmó el trato. No había vuelta atrás. Se puso de pie, acomodó su corbata, dio media vuelta y salió triunfante de aquél lugar. Con el pecho hinchado de deshonra y con su sombra persiguiendo cada uno de sus pecados más infames. 

Así arrastran el mundo, llevando entre sus pasos ideas brillantes pero con un significado equivocado de todos los infinitivos del amor.

¿Cuál sería el significado correcto?

Si entre las personas cuya ambición es únicamente su autorrealización generalmente la vida pierde rumbo y el sentido del espíritu de la humanidad se vuelve cada día más errado, degradado y vanamente cruel. 

Este mundo se rige por el principio de la responsabilidad transferida, sin embargo el hecho de que como cultura no se sepa apreciar el individualismo como tal no es garantía de una autorrealización exitosa. Porque así como todo, eso también dependerá del concepto que existe dentro de cada uno de nosotros. Y celebrar un banquete rodeado de los felinos más salvajes, hará del peligro una fuente extremadamente excitable y auténtica.

Pero habrá que aceptarlo, que hay ocasiones en la vida en las que el veneno también forma parte de la perfección.

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