miércoles, 22 de enero de 2014

Our personal lake of dreams

Come walk with me.

Así empieza. Yo desvío miradas y sonrisas y caricias. Que nada me toque.

Tengo dos calendarios en la pared de mi habitación, uno con mi nombre y otro con el suyo. Resulta que a partir del mismo día se van contando las mismas horas, al mismo ritmo. Yo no sé si es un truco más. Tampoco insisto en descubrir ese secreto. Tal vez son gotas de lluvia las que se escuchan cuando caen y tocan el suelo, tal vez es el sonido de un xilófono viejo que sabe más notas musicales que cualquier individuo sobre la tierra. Se descubre a si mismo, acompañado de sonidos naturales que desvisten realidades ajenas, donde nadie se cuestiona las razones y donde el mundo se hace.

Debo dejar volar las ideas que me absorben las ganas, y a veces solo con cerrar los ojos descubro que se puede empezar por controlar la respiración y luego ya pensar en todo lo demás, esas ideas que se van clarificando así, poco a poco para siempre. Retumban en todas las paredes que cubren mis deseos, se transforman en aire y se vuelven densas cuando quiero acariciarlas. No me detengo, sigo navegando al ritmo del piano y esa ráfaga de viento templado que me sigue hacia donde vaya. 

Entonces entiendo todo, sé de lo que ella habla cuando no la veo a los ojos, sé lo que siente cuando no toca mis manos, cuando sus labios se desenredan solitarios entre las ideas mágicas de mi pensamiento irracional, nunca es suficiente. No. El tiempo, el silencio, el ruido, la música, sus musas, las mías, los miedos, los enredos esporádicos de las dudas. Nada es suficiente cuando se compara con todo lo demás que solo se escucha si pones atención a lo que hay detrás de un grupo de melodías, y aún así no es suficiente. Sigue siendo mucho más.

Me aturdo con esos cambios y adelanto la escena, ahí estoy, en ese lago al que siempre quise ir, en el que nado cuando puedo, como puedo, donde puedo. Sola y con ella. A veces la abrazo, a veces sólo sonrío, a veces las sonrisas me delatan, y delatan estas sensaciones de vínculos internos que se crean desde que empieza a recorrerme de pies a cabeza. Un paseo por el bosque, sí, eso es. Todos los días, a todas horas. 

Ahí donde todo se renueva y el agua que corre nunca es la misma. Siempre es mejor.

Dejo espacio suficiente para que quepan más silencios. Porque todavía se necesitan. No hay horario, no hay ninguna señal que me haga identificar este espacio en el futuro. Sólo se vive una vez. Como cada vez. Una vez y otra y luego otra. Pero siempre siguiendo una dirección. La nuestra.

Por cada duda, cada sentimiento encontrado y cada emoción que viene a perturbar la estancia pacífica de nuestros cuerpos, tomo una piedra y la lanzo al fondo infinito del mar. Que se pierda, que se deshaga, que se transforme en alimento y ese alimento en energía que nos deje seguir. Que evolucione conmigo y yo con ella.

Que llueva lo necesario. Que nos hidratemos lo necesario.

Combinaciones perfectas.

Una vida que me gusta compartir con ella. 

Sequence.

Que siga.

miércoles, 15 de enero de 2014

Cereal in a cup

"Tienes diez minutos para explicar tus razones"

No dije nada.

Hay ocasiones en la vida en las que es innecesario externar argumentos. Y aún asi, los primeros quince segundos me supieron a canela hervida, daban vueltas en mi boca y conforme pasaban por mi garganta imaginé aquél árbol viejo en donde congelé mi sonrisa con otras sonrisas más. Todavía siento como crujen las hojas secas de otoño que se atraviesan en mi camino.

Cierro los ojos de una forma involuntaria, entonces todo empieza a darme vueltas, mis manos permanecen aferradas y poco a poco van disminuyendo su fuerza, cada músculo se relaja al ritmo de mi respiración.

Cuando detengo mi mirada en esos ojos ajenos veo caminos a su alrededor, las huellas que el mismo tiempo ha sabido acomodar, ellos aclaran la garganta antes de hablar, tal vez porque el tiempo que tardan en hacer ese ronquido con sus cuerdas vocales es suficiente para lanzar su siguiente bala intelectual. Ningún camino exitoso ha salido de una caja de cereal.

Guardo silencio en un baúl con llave, mis pupilas guardan las escenas a detalle, sonrío, junto las manos, me mantengo inmóvil.

Tal vez un día, mientras camine, me de cuenta que eso que cruje bajo mis pies no son las hojas de otoño ni las hojuelas de cereal, sino todos esos sueños desechables que se rompieron porque así como los argumentos, hay sueños idealizados, mediocres e innecesarios que no vale la pena recopilar.

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