Veo
azules los árboles y verdes las nubes. Después empiezo a hacerles poemas a las
hojas secas y lo entienden todo mal. Yo no hablo ese idioma. Ellas piensan que
mientras más se enredan en mis cabellos van a entenderme mejor, pero no. Nada
de eso funciona y siento que me desespero pero sé que es temporal.
El otro
día vi como un tipo se cosía los labios para no hablar, parecía estar en
huelga. Primero abrí los ojos como dos paracaídas a punto de tocar el suelo,
pero a los dos minutos de observarlo bien entendí todo. Y cuando levanté la
mirada, el cielo seguía verde. Todo es tan diferente.
Puedo
pararme en el rascacielos más alto para ver si estando más cerca descubro el
olor del cielo, pero es que ni siquiera así podrías entender lo que esos labios
cosidos quisieron decir. No los de ese tipo, no. Los míos. Yo me corté las
suturas con tus besos, pero desde entonces cada palabra me sabe diferente. No
intento saborearlas, solo las dejo en tus labios para que solo tú sepas que te
quiero decir.
Aunque
le ponga raíces a las estrellas y tierra a la Luna; aunque las gotas me sepan a
sal de mar y los peces a carne seca. Aunque siga pensando cómo medir las horas
que me faltan para vernos.
Aunque
todo se vuelva al revés. Tal vez solo quiero ver lo que ves a través de mis ojos
y sonreír como lo haces cuando me quieres besar.
Tal vez
no he visto bien el mundo que me rodea, tal vez no me fijo porque todo lo que
conocía ya no existe más.
Por eso
pienso que está todo mal. Pero no es así.
Tal vez
los árboles siempre fueron azules y yo pensaba que no era así.
Era
otro mundo, era otro tiempo. Era otra, yo.
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