lunes, 25 de noviembre de 2013

Caída libre

Veo azules los árboles y verdes las nubes. Después empiezo a hacerles poemas a las hojas secas y lo entienden todo mal. Yo no hablo ese idioma. Ellas piensan que mientras más se enredan en mis cabellos van a entenderme mejor, pero no. Nada de eso funciona y siento que me desespero pero sé que es temporal.

El otro día vi como un tipo se cosía los labios para no hablar, parecía estar en huelga. Primero abrí los ojos como dos paracaídas a punto de tocar el suelo, pero a los dos minutos de observarlo bien entendí todo. Y cuando levanté la mirada, el cielo seguía verde. Todo es tan diferente.

Puedo pararme en el rascacielos más alto para ver si estando más cerca descubro el olor del cielo, pero es que ni siquiera así podrías entender lo que esos labios cosidos quisieron decir. No los de ese tipo, no. Los míos. Yo me corté las suturas con tus besos, pero desde entonces cada palabra me sabe diferente. No intento saborearlas, solo las dejo en tus labios para que solo tú sepas que te quiero decir.

Aunque le ponga raíces a las estrellas y tierra a la Luna; aunque las gotas me sepan a sal de mar y los peces a carne seca. Aunque siga pensando cómo medir las horas que me faltan para vernos.

Aunque todo se vuelva al revés. Tal vez solo quiero ver lo que ves a través de mis ojos y sonreír como lo haces cuando me quieres besar.

Tal vez no he visto bien el mundo que me rodea, tal vez no me fijo porque todo lo que conocía ya no existe más.

Por eso pienso que está todo mal. Pero no es así.

Tal vez los árboles siempre fueron azules y yo pensaba que no era así.


Era otro mundo, era otro tiempo. Era otra, yo.

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