No hay nada más sexy que veintiocho
pedacitos de metal, un modelo de polietileno flexible acolchado con su sistema
de cierre de velcro, catorce cuadritos de algodón rojo y blanco, una taza de
café a punto de terminar, una pantalla de menos de 30cm, muchas letras y un
hipotálamo que intenta cumplir la función de mantenimiento de la especie.
Millones de sinapsis neuronales.
La verdad es que cuatrocientos mg
de metocarbamol no son suficientes para causarme la somnolencia que va en
contra de mi ciclo circadiano, me dejo llevar con el metabolismo que se lleva a
cabo dentro de mí, intento desenredar la cuna de ideas que se mece en mi
interior invitándome a desarrollar con ellas la cubierta textil que encaja con
perfección al futuro que planeo. Son solo siete días, 168 horas de reflexiones
obligadas, de introspecciones constantes, de los cambios que las personas
tenemos que hacer después de haber cometido un error, por más mínimo que sea.
Debo confesarle a mi madre que esto
no está funcionando, que las indicaciones de mi médico me han hecho dormir más
y volverme fiel a una de las posiciones más incómodas que existen. Confieso que
amo mi cama como amo el olor del café recién hecho por las mañanas, pero todo
debe tener un límite y éste está sobrepasando el mío. Si bueno, el objetivo de
esto no era expresar la inconformidad de mi situación; el punto es que un
segundo puede cambiarle la vida a la gente, es cierto, lo he escuchado en otras
voces pero siempre hay un momento en la vida de cada uno en el que se nos obliga
a hacer reflexiones de nuestros actos. Seguramente el reposo absoluto me hace
vulnerable, o igual y nada más se me exacerba. No sé.
Lo único que sé es que mientras más
pasa el tiempo nos hacemos más exigentes, los héroes que parecían inmortales en
nuestra infancia han perdido poderes pero siguen siendo héroes, que cada vez
hay menos justificaciones que nos excusen del desacierto, que la peor
somnolencia es la de los ideales, y así muchas cosas que me reservo para otra
ocasión. En momentos críticos las personas no piensan solamente en todo lo que
han hecho a lo largo de su vida, tal vez eso de “ver la vida pasar frente a ti”
cuando crees que puedes perderlo todo, es solo un fragmento del significado
real. Ahora pienso que lo que más pesa es lo que pasa frente a ti que nunca has
hecho, los ideales que siguen pendientes y la lista de buenas razones que te
hacen levantarte por las mañanas sin importar si el mundo se hace pedazos allá
afuera.
No hay nada más sexy que los mensajes
de buenos días que me despiertan con una sonrisa mientras me desenvuelvo entre las
sábanas, si… y los veintiocho pedacitos de metal y el polietileno flexible y todo
eso…. Lo juro por Madonna.
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