jueves, 29 de mayo de 2014

Narcóticos para el alma

No hay nada más sexy que veintiocho pedacitos de metal, un modelo de polietileno flexible acolchado con su sistema de cierre de velcro, catorce cuadritos de algodón rojo y blanco, una taza de café a punto de terminar, una pantalla de menos de 30cm, muchas letras y un hipotálamo que intenta cumplir la función de mantenimiento de la especie. Millones de sinapsis neuronales.

La verdad es que cuatrocientos mg de metocarbamol no son suficientes para causarme la somnolencia que va en contra de mi ciclo circadiano, me dejo llevar con el metabolismo que se lleva a cabo dentro de mí, intento desenredar la cuna de ideas que se mece en mi interior invitándome a desarrollar con ellas la cubierta textil que encaja con perfección al futuro que planeo. Son solo siete días, 168 horas de reflexiones obligadas, de introspecciones constantes, de los cambios que las personas tenemos que hacer después de haber cometido un error, por más mínimo que sea.

Debo confesarle a mi madre que esto no está funcionando, que las indicaciones de mi médico me han hecho dormir más y volverme fiel a una de las posiciones más incómodas que existen. Confieso que amo mi cama como amo el olor del café recién hecho por las mañanas, pero todo debe tener un límite y éste está sobrepasando el mío. Si bueno, el objetivo de esto no era expresar la inconformidad de mi situación; el punto es que un segundo puede cambiarle la vida a la gente, es cierto, lo he escuchado en otras voces pero siempre hay un momento en la vida de cada uno en el que se nos obliga a hacer reflexiones de nuestros actos. Seguramente el reposo absoluto me hace vulnerable, o igual y nada más se me exacerba. No sé.

Lo único que sé es que mientras más pasa el tiempo nos hacemos más exigentes, los héroes que parecían inmortales en nuestra infancia han perdido poderes pero siguen siendo héroes, que cada vez hay menos justificaciones que nos excusen del desacierto, que la peor somnolencia es la de los ideales, y así muchas cosas que me reservo para otra ocasión. En momentos críticos las personas no piensan solamente en todo lo que han hecho a lo largo de su vida, tal vez eso de “ver la vida pasar frente a ti” cuando crees que puedes perderlo todo, es solo un fragmento del significado real. Ahora pienso que lo que más pesa es lo que pasa frente a ti que nunca has hecho, los ideales que siguen pendientes y la lista de buenas razones que te hacen levantarte por las mañanas sin importar si el mundo se hace pedazos allá afuera.

No hay nada más sexy que los mensajes de buenos días que me despiertan con una sonrisa mientras me desenvuelvo entre las sábanas, si… y los veintiocho pedacitos de metal y el polietileno flexible y todo eso…. Lo juro por Madonna.

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