No sabía si hacerte cosquillas o hacerte
promesas, entonces me puse a contar cada uno de tus Noviembres, cada uno de los
otoños que caían sobre tus pies. Últimamente les ha dado a mis recuerdos por
ponerse tu sonrisa y debo admitir que les queda muy bien, sobre todo cuando el
cielo se nubla y se te ocurre regalarme cada gota que se deja llevar por la
gravedad.
Después de ti han quedado veinte Eneros
sin nombre, hay once asientos vacíos en cada vagón del ferrocarril, hay ocho
mariposas monarcas que se perdieron antes de migrar. Después de ti hay Domingos
que saben a vino tinto y amaneceres que huelen a café recién hecho.
Cayeron varias gotas de sudor en la
alfombra el día que olvidamos que nos perseguían nuestras sombras, el mismo día
que empezamos a darnos cuenta que respirábamos en una atmósfera ajena al
Universo, supongo que ser las víctimas perfectas de esta taquicardia emocional
nos ha quitado el miedo a dejarnos llevar. Y aquí estamos, perteneciendo al
preludio de un ocaso desinteresado, preguntándonos si tiene caso que nos
dejemos tambalear por ese futuro tan incierto. Es como nadar en contra de la
marea en donde respirar termina siendo un insulto para el océano.
Yo, a quince centímetros de tu piel, puedo
decirte que esta sensibilidad me tranquiliza, que a veces me pongo a pensar si
las zanahorias hervidas te dan asco o simplemente es que cada que tocan el agua
pierden esa dureza que las caracteriza y entonces se hacen insignificantes. A
quince centímetros de tu piel me da miedo que mi apellido sea tan real que no
puedas escucharme más, me inquieta darme cuenta que las palabras que han salido
disparadas de mis labios son las mismas que me hacen permanecer de pie, sintiendo
como el agua fría de la lluvia corre sobre mí sabiendo que esta vez no viene a salvarme.
Empieza a correr el viento de una forma
muy cruel y la distancia se va haciendo inútil.
Aún así, no hay nada en el mundo entero
que me haga negar que uno de nuestros mejores días ha sido ese en el que mientras
me abrazabas de la forma más sublime decidimos fundirnos en el mejor de nuestros
besos. Haciéndole cosquillas a todo lo que lleva nuestro nombre.
Y yo, justo ahora sigo contando Noviembres.
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